¿Qué es una red inteligente y cuáles son sus beneficios?

torre de tensión
Fernando Rubio, Smart Energy Engineer en Cuerva
Escrito el 11 de julio de 2023
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La electricidad es indispensable en nuestra sociedad, aunque su producción tiene un fuerte impacto en emisiones de CO2, ya que, a día de hoy, sigue dependiendo de los combustibles fósiles. Para mitigar las consecuencias del cambio climático, el actual modelo energético requiere de una transformación que incorpore fuentes de generación renovable. Sin embargo, para obtener todo su potencial, también es necesario que el propio sistema eléctrico evolucione.

La red eléctrica, una de las infraestructuras más importantes a nivel nacional, se construyó hace más de 100 años: en 1881, se creó la primera red de alumbrado público en Sotres, Asturias. No obstante, hoy nuestra demanda de energía y la situación ambiental es muy diferente: necesitamos una red moderna, fiable y más sostenible.

Esto es lo que se busca solucionar con la red inteligente, la cual ha pasado a convertirse en un eje central para lograr la transición energética. Sin ir más lejos, el uso de redes eléctricas inteligentes puede evitar la emisión de 700 millones de MMT* de CO2 a nivel global en el año 2027, según datos del informe SmartGrid, 2022-2027 Market Summary, de Juniper Research.

Si quieres saber todos los detalles sobre qué es una red inteligente, qué beneficios ofrece y por qué tiene un papel tan importante en el futuro, sigue leyendo.

*MMT: millones de toneladas métricas.

Qué es una red inteligente

Una red eléctrica inteligente, también conocida como Smart Grid, es aquella que no solo se limita a transportar la electricidad, sino que también tiene la capacidad de monitorizarla y gestionarla gracias a la aplicación de nuevas tecnologías, con el objetivo de mejorar la eficiencia, fiabilidad, sostenibilidad y seguridad del suministro eléctrico.

De este modo, una red inteligente, a través de sensores y medidores inteligentes, recopila y analiza datos en tiempo real sobre el estadoy rendimiento para coordinar de manera eficiente la generación, la transmisión, la distribución y el consumo de energía eléctrica.

Cómo funciona una red inteligente

La red tradicional es un elemento pasivo que se limita a transportar electricidad, mientras que una red inteligente tiene la capacidad de integrar nuevas tecnologías, como sensores y medidores inteligentes, para equilibrar y optimizar en tiempo real el uso de todos los recursos de la red:

  • Generación de electricidad
  • Demanda
  • Gestión de la distribución
  • Almacenamiento de energía

Esto nos lleva a una de las principales diferencias entre una red inteligente y una red tradicional, que es su bidireccionalidad. Dicho de otro modo, es capaz de responder a las fluctuaciones en la producción y en la demanda de energía. De esta forma, transmite la electricidad en ambos sentidos: las distribuidoras llevan energía hasta el punto de suministro, pero, al mismo tiempo, los consumidores también pueden producir y verter electricidad a la red.

La red inteligente también es capaz de coordinar en tiempo real numerosos sistemas de control que se encargan de medir parámetros de todo tipo, como el consumo, la temperatura ambiental, el estado de carga de los conductores, etc. Esto facilita realizar acciones como reconfigurar la red para aislar un fallo, aprovechar momentos de alta producción solar para almacenar el exceso de producción, regular la demanda, etc.

Beneficios de las redes eléctricas inteligentes

Los sistemas informáticos que posee la red inteligente proporcionan más información, tanto al distribuidor como al usuario final, lo que permite hacer un uso más responsable de la energía. Sin embargo, este es uno de los muchos beneficios que aportan las redes eléctricas inteligentes. Entre ellos, también podemos destacar los siguientes:

  • Mayor eficiencia y seguridad: las redes inteligentes pueden reducir las pérdidas en la distribución mediante el monitoreo en tiempo real para detectar cualquier desviación o pérdida de energía a lo largo de la red; la identificación de fugas y fallos en el cableado, las conexiones o el equipo; la elección de la mejor ruta para evitar transmisiones a larga distancia y distribuir la energía de manera eficiente, y la automatización de la gestión de carga para ajustarla a la demanda de electricidad en tiempo real. Todo ello permite, a su vez, hacer un uso óptimo de todos los elementos de la red, por ejemplo, al reducir la demanda en la hora pico.
  • Reducción de emisiones: esto es posible por doble vía, gracias a la optimización del sistema y al aumento en la capacidad para incorporar energías renovables. Las redes pasivas trabajan con base en previsiones estáticas de demanda, mientras que una red inteligente es capaz de adaptarse en tiempo real a la producción renovable, reduciendo la generación necesaria de fuentes más contaminantes.
  • Mayor calidad de suministro: por su capacidad de adaptarse a fallos o a problemas en diferentes zonas de la red. Además, una red inteligente tiene la posibilidad de gestionar dispositivos de almacenamiento y puntos de generación descentralizados, lo que ofrece una mayor seguridad en el suministro.
  • Mayor ahorro en el consumo: los usuarios pueden conocer en tiempo real el consumo y tarifa de la electricidad, lo que facilita que puedan gestionar sus dispositivos y reducir o ajustar su consumo de energía en momentos de alta demanda o cuando hay fluctuaciones en la generación.
  • Descentralización de la producción: la energía que producen los consumidores puede almacenarse o ser aprovechada por otros usuarios, lo que reduce la dependencia de los grandes agentes implicados en la producción de energía.
  • Facilita la transición energética: las redes inteligentes favorecen la descarbonización de la economía gracias a su capacidad de integrar las energías renovables, facilitar la movilidad eléctrica y generar la energía de forma descentralizada, tanto en el ámbito residencial o industrial (autoconsumo) como para grandes plantas de generación.

Iniciativas para el desarrollo de redes eléctricas inteligentes

Este tema es prioritario en la agenda de muchos países, ya que, en la actualidad, hay hasta 130 naciones que están trabajando en iniciativas para lograr emisiones neutras en 2050, algo que va a requerir una fuerte descarbonización de la producción eléctrica.

En la Unión Europea, por ejemplo, ya en el año 2006 se introdujo un plan estratégico de tecnología energética, conocido como Plan Estratégico Europeo de Tecnología Energética (EETE), que ha sido reforzado con planes posteriores, como el Plan REPowerEU. Este último plan pretende reducir la dependencia energética de los combustibles fósiles ―un problema agravado por el conflicto ruso― y acelerar la transición energética, impulsando el ahorro energético, la diversificación del suministro de energía y el despliegue acelerado de renovables, para lo que serán necesarias las redes eléctricas inteligentes.

En los próximos años, por tanto, se espera que haya una fuerte inversión en este tipo de redes, ya que son un elemento crítico para lograr los objetivos de transición energética y cero emisiones que persiguen muchos países. De hecho, en España, el Gobierno ha destinado 525 millones a digitalizar la red eléctrica e impulsar la recarga de vehículos eléctricos en la vía pública durante el 2023. En este sentido, ha aprobado el Real Decreto 1125/2021 para facilitar este objetivo y regular la concesión de subvenciones directas de fondos europeos regulados a empresas distribuidoras de energía eléctrica.

El futuro de la red inteligente

La tendencia del modelo energético actual es evolucionar hacia un sistema cada vez más descentralizado que promete revolucionar la forma en la que generamos y consumimos la energía. En este sentido, los consumidores pasarán a convertirse en “prosumidores”, ya que también tendrán la opción de generar, compartir, vender o almacenar energía. Sin embargo, para ello, es necesario contar con redes eléctricas inteligentes que permitan esta democratización de la producción eléctrica de una forma eficiente y segura, aprovechando el potencial de las fuentes de energía renovable.

En este sentido, en los próximos años, la red inteligente tiene que afrontar algunos desafíos, como aumentar la capacidad de generación renovable y descentralizada, extender la electrificación a otros usos (transporte, climatización, etc.) y adaptarse a la nueva demanda de los consumidores.

En Cuerva, llevamos más de 80 años entendiendo la energía como un canal para ofrecer servicios útiles y relevantes para todas las personas. Por ello, ponemos a las personas en el centro y aprendemos del dato para poder conocer la relación del usuario con la energía. Solo así podemos dar respuesta a las necesidades presentes y futuras, apostando por la innovación para mejorar nuestro servicio.

Con este objetivo, buscamos crear modelos que respondan a la nueva demanda eléctrica y optimizar procesos a partir de la digitalización de nuestras redes. En este sentido, trabajamos en el desarrollo de consultoría de redes inteligentes desde cuatro ámbitos:

  • Sensorización, adquisición e integración de las medidas a través de plataformas IoT.
  • Aplicaciones de monitorización y analítica avanzada que nos permitan mejorar la calidad de suministro de la red, la operación y eficiencia y aumentar la resiliencia de la red.
  • Modelos digitales de redes de MT y BT.
  • Digitalización de redes privadas, cerradas y micro-redes.

Desde nuestra experiencia, buscamos digitalizar nuestras redes para mejorar la calidad del suministro y promover la transición hacia un modelo energético más sostenible y eficiente. Un ejemplo de ello es el proyecto Smart DSO-Living Lab, con el que, a través de la implementación de sistemas de monitorización, control y automatización, hemos desarrollado una red inteligente para facilitar la integración de fuentes de energía renovable y promover la participación activa de los consumidores en la generación y gestión de energía.

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Sobre el autor

Fernando Rubio, Smart Energy Engineer en Cuerva
Fernando Rubio se unió a Cuerva para trabajar en la parte técnica y de gestión de los proyectos nacionales e internacionales de I+D+i en los que se encuentra la compañía, centrados en las áreas de Smart Energy y Smart Grids. Estudió Ingeniería Eléctrica en la Universidad de Málaga y posee un post-grado de especialista en Domótica, Eficiencia Energética y Gestión Técnica de Edificios. Antes de su incorporación a Cuerva, ha desarrollado su carrera profesional en el área de las energías renovables, especialmente en fotovoltaica, eólica y su integración en sistemas SCADA de control y gestión.
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