Fallos en transformadores eléctricos: causas, diagnóstico y prevención con IoT

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Caso de éxito | Emasagra: Monitorización y prevención de fallos en CTs

Te contamos cómo hemos ayudado a la Empresa Municipal de Abastecimiento y Saneamiento de Granada a garantizar la seguridad y mantenimiento en sus CTs.

Los transformadores eléctricos son el corazón silencioso de cualquier instalación industrial. Distribuyen y adaptan la tensión de forma continua, sin apenas llamar la atención... hasta que fallan. Cuando un transformador se detiene de forma no planificada, las consecuencias no son solo técnicas: una parada en una línea de producción puede generar pérdidas que van desde miles hasta decenas de miles de euros por hora, según el sector.

Hasta hace poco, la gestión de estos activos se basaba en revisiones periódicas y, en el peor de los casos, en el mantenimiento correctivo: actuar después del fallo. Hoy, la integración de sensores IoT*, análisis de gases disueltos y termografía infrarroja está cambiando ese paradigma. El diagnóstico predictivo permite detectar señales de degradación semanas o incluso meses antes de que se produzca una avería.

*IoT: red de sensores y dispositivos físicos conectados que transmiten datos en tiempo real.

En esta guía encontrarás qué tipos de fallos son más frecuentes en los transformadores eléctricos industriales, qué los provoca, cómo se diagnostican con las técnicas actuales y qué diferencia hay entre un plan de mantenimiento preventivo y uno predictivo. Todo con un enfoque aplicable a plantas industriales, centros de distribución y cualquier instalación que dependa de la continuidad del suministro eléctrico.

¿Qué es un transformador eléctrico y por qué es tan crítico en la industria?

Un transformador eléctrico es un dispositivo que convierte la tensión de la corriente alterna a niveles más altos o más bajos sin alterar la frecuencia. Su papel en la industria es indispensable: sin él, no es posible transportar electricidad a largas distancias ni alimentar maquinaria con los voltajes adecuados.

En términos sencillos, el transformador actúa como el «adaptador» de la red. Las plantas de generación producen electricidad a alta tensión para optimizar el transporte. Cuando esa energía llega a una subestación industrial o a un centro de transformación de abonado, el transformador la reduce a los niveles que pueden usar los equipos de producción. Sin ese paso intermedio, los motores, las líneas de distribución y los sistemas de control simplemente no funcionarían.

Lo que hace que estos equipos sean tan críticos es también lo que los hace vulnerables: operan de forma continua, a menudo bajo condiciones de carga variable, temperatura extrema y con décadas de servicio acumulado. La vida útil de un transformador de potencia bien mantenido puede superar los 30 años, pero sin una gestión activa de sus condiciones de operación, ese plazo se reduce drásticamente. De ahí que el mantenimiento no sea opcional: es parte del diseño de cualquier instalación eléctrica industrial seria.

Si tu empresa opera un centro de transformación eléctrico propio, consulta nuestra guía sobre centros de transformación eléctrica para conocer las obligaciones legales de mantenimiento que asume el titular de la instalación.

¿Qué componentes internos hacen que un transformador sea vulnerable?

Los puntos críticos de fallo en un transformador no son aleatorios: están ligados directamente a sus componentes más sometidos a estrés térmico, eléctrico y mecánico. Conocerlos es el primer paso para saber dónde enfocar el diagnóstico.

Los devanados (bobinas de cobre o aluminio que conforman los circuitos primario y secundario) son el elemento más expuesto a la degradación. Las fuerzas electromagnéticas generadas durante los cortocircuitos pueden deformarlos, y el calentamiento acumulado deteriora el papel aislante que los recubre.

El núcleo laminado, por su parte, puede sufrir corrosión o pérdida de ajuste entre láminas, lo que incrementa las corrientes de Foucault* y las pérdidas por histéresis.

*Corrientes de Foucault: corrientes eléctricas que circulan en materiales conductores sometidos a campos magnéticos variables, generando calor y pérdida de eficiencia.

El sistema de aislamiento —tanto el papel aislante como el aceite dieléctrico*— es otro punto de vulnerabilidad. Este aceite cumple una doble función: aislar eléctricamente y refrigerar el equipo. Con el tiempo, la oxidación, la humedad y la contaminación degradan sus propiedades, abriendo la puerta a cortocircuitos internos. El cambiador de tomas*, que ajusta la relación de transformación en función de la carga, acumula el mayor número de fallos mecánicos por su complejidad y uso frecuente.

*Aceite dieléctrico: fluido aislante y refrigerante que rodea el núcleo y los devanados.

*Cambiador de tomas: mecanismo que permite modificar la tensión de salida ajustando el número de espiras activas en el devanador.

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¿Cuáles son los fallos más frecuentes en transformadores eléctricos?

Los fallos en transformadores responden a tres grandes categorías: eléctricos, térmicos y mecánicos. Aunque sus causas difieren, casi todos tienen un denominador común: son progresivos y detectables antes de que produzcan una avería grave, siempre que exista un sistema de monitorización adecuado.

¿Por qué el sobrecalentamiento sigue siendo la causa de fallo número uno?

El sobrecalentamiento es el fallo más frecuente y, a la vez, el más prevenible. Aparece cuando la temperatura interna del transformador supera los límites de diseño de forma sostenida, lo que acelera el envejecimiento del aislamiento y puede provocar un cortocircuito interno.

Las causas son variadas. La más común es la sobrecarga continuada: operar el transformador por encima de su potencia nominal, aunque sea de forma intermitente, genera calor adicional que el sistema de refrigeración no puede disipar correctamente. A esto se suma el deterioro progresivo del propio sistema de refrigeración: ventiladores con desgaste, aceite envejecido o radiadores obstruidos reducen la capacidad de disipación del equipo.

En entornos industriales, la presencia de armónicos* en la red —generados por variadores de frecuencia, hornos de inducción o grandes rectificadores— agrava el problema. La solución más efectiva es monitorizar de forma continua la temperatura del aceite y correlacionar esos datos con la curva de carga del transformador.

*Armónicos: componentes de frecuencia múltipla de la frecuencia fundamental (50 Hz en España) que distorsionan la onda eléctrica y generan calentamiento adicional.

¿Qué ocurre cuando se degrada el aislamiento de un transformador?

La degradación del aislamiento es un proceso silencioso que puede tardar años en manifestarse, pero cuando lo hace, las consecuencias son graves: descargas parciales, cortocircuitos entre devanados y, en el peor caso, una explosión por ignición del aceite.

El papel aislante de los devanados envejece con el calor, la humedad y la oxidación. Cada 6-8 °C de incremento sostenido de temperatura reduce la vida útil del aislamiento a la mitad, según la Regla de Arrhenius aplicada a materiales dieléctricos. Cuando ese papel se fractura, los gases generados —principalmente hidrógeno, metano y acetileno— se disuelven en el aceite y son la señal más temprana de un problema incipiente.

La presencia de humedad en el aceite es otro factor crítico. Un aceite con tan solo un 0,02% de contenido en agua puede reducir su rigidez dieléctrica a la mitad. Para prevenir esta situación, es fundamental el análisis periódico del aceite y la aplicación de técnicas de secado a vacío cuando los valores superan los umbrales de norma. La norma IEC 60296 establece los límites de calidad del aceite dieléctrico en transformadores en servicio.

¿Cómo afectan los fallos mecánicos y del cambiador de tomas al rendimiento?

Los fallos mecánicos y los problemas en el cambiador de tomas son los más difíciles de detectar con técnicas convencionales, pero responden bien a la monitorización de vibraciones y al análisis de aceite específico del compartimento del cambiador.

Las fuerzas electromagnéticas que actúan sobre los devanados durante los cortocircuitos pueden provocar deformaciones progresivas. En la práctica, las deformaciones no producen señales inmediatas: pueden pasar desapercibidas durante meses si no se realiza una prueba de impedancia o un análisis de frecuencia de respuesta FRA*.

*FRA (Frequency Response Analysis): técnica que evalúa la integridad mecánica de los devanados midiendo su respuesta a señales de frecuencia variable.

El cambiador de tomas, con su mecanismo de contactos móviles, acumula el mayor porcentaje de intervenciones de mantenimiento en transformadores de potencia. Los resortes desgastados, los condensadores deteriorados del motor actuador o la desincronización del eje de mando son las causas más habituales. Un fallo en el cambiador puede derivar en una tensión de salida errónea que afecte a todos los equipos conectados.

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¿Cómo funciona el diagnóstico predictivo en transformadores industriales?

El diagnóstico predictivo consiste en recopilar datos en tiempo real sobre el estado del transformador —temperatura, gases, vibraciones, calidad del aceite— para identificar tendencias de deterioro antes de que provoquen una avería. Frente al mantenimiento preventivo por calendario, el predictivo actúa solo cuando el estado real del equipo lo justifica.

El contexto de mercado respalda este enfoque: el mercado global de sistemas de monitorización de transformadores se valoró en 2.220 millones de dólares en 2025 y se estima que alcanzará los 4.220 millones en 2035, con una tasa de crecimiento compuesta anual del 6,6%, según datos de Global Growth Insights publicados en febrero de 2026. Este crecimiento está directamente impulsado por la transición de las empresas industriales desde el mantenimiento reactivo al mantenimiento basado en condición.

¿Qué técnicas de monitorización permiten anticipar un fallo?

Las principales técnicas de diagnóstico predictivo en transformadores combinan el análisis del aceite, la medición eléctrica y la termografía. Cada una proporciona información sobre un tipo de fallo diferente, y su combinación ofrece una imagen completa del estado del activo.

El análisis DGA* (Dissolved Gas Analysis o análisis de gases disueltos) es la técnica más consolidada. Permite detectar arcos eléctricos internos, sobrecalentamientos localizados o descargas parciales* analizando la composición de gases disueltos en el aceite. Concentraciones elevadas de acetileno indican arcos eléctricos; el etileno apunta a sobrecalentamiento del metal; el hidrógeno sugiere descargas parciales en el aislamiento.

*DGA: análisis de gases generados por la degradación del aceite que revelan el tipo de fallo interno.

*Descargas parciales: pequeñas descargas eléctricas en zonas del aislamiento degradado que lo debilitan progresivamente.

La termografía infrarroja permite identificar puntos calientes en conexiones externas, bushings* y terminales antes de que provoquen una fusión o un incendio. Se aplica con el transformador en servicio, sin necesidad de detener la instalación. Complementariamente, el análisis de descargas parciales en alta frecuencia evalúa el estado del aislamiento interno con una sensibilidad muy superior a las pruebas clásicas. *Bushings (pasatapas): dispositivos que aíslan los conductores de alta tensión al atravesar la pared del tanque del transformador.

Finalmente, la medición de vibraciones detecta deformaciones incipientes en devanados, holguras mecánicas en el cambiador de tomas o problemas en el sistema de refrigeración. Esta técnica es especialmente valiosa porque puede ejecutarse de forma continua mediante sensores instalados en la carcasa del transformador.

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¿Cómo se integra el IoT en la gestión de activos eléctricos?

La integración del IoT en el mantenimiento de transformadores convierte la monitorización puntual en una vigilancia continua. Los sensores instalados en el equipo transmiten datos en tiempo real a plataformas de gestión de activos, donde algoritmos de análisis detectan desviaciones respecto al comportamiento de referencia.

En la práctica, un sistema IoT aplicado a un transformador industrial puede incluir sensores de temperatura del aceite, detectores de gases disueltos en línea, acelerómetros para medir vibraciones y analizadores de calidad de la tensión. Todos estos datos se integran en un EMS* (Energy Management System) que centraliza la monitorización y el control de todos los activos eléctricos de la instalación.

*EMS: sistema de gestión energética que centraliza la monitorización de los activos eléctricos de una planta industrial.

La ventaja operativa es significativa. Un técnico equipado con estas herramientas puede priorizar las intervenciones en función del estado real de cada transformador, optimizando el stock de repuestos y planificando las paradas en momentos de baja producción. Desde Cuerva, trabajamos con esta filosofía en la gestión de activos eléctricos de nuestros clientes industriales, integrando la monitorización remota como parte del servicio de mantenimiento eléctrico predictivo.

→ Lee también: qué incluye un plan completo de mantenimiento eléctrico industrial y cómo estructurarlo para instalaciones con transformadores de potencia.

¿Cuál es la diferencia entre mantenimiento preventivo y predictivo en transformadores?

El mantenimiento preventivo se ejecuta siguiendo un calendario fijo, independientemente del estado real del equipo. El predictivo, en cambio, actúa cuando los datos de monitorización indican que el equipo se aproxima a un umbral de degradación crítico. Ambos enfoques son complementarios, no excluyentes.

Un plan de mantenimiento preventivo para transformadores incluye tareas programadas como el análisis de aceite semestral, la inspección termográfica anual, la comprobación del relé de Buchholz* y la verificación del sistema de refrigeración. Su ventaja es la previsibilidad: los costes son conocidos de antemano y el equipo técnico puede planificarlos sin urgencias.

*Relé de Buchholz: dispositivo de protección que detecta fallos internos en transformadores inmersos en aceite mediante la captura de gases generados por el arco eléctrico.

El mantenimiento predictivo va un paso más allá: utiliza los datos recopilados por los sistemas de monitorización para anticipar cuándo y por qué se producirá un fallo. En lugar de intervenir «cada seis meses», el técnico interviene «cuando el DGA detecta que la concentración de acetileno ha superado el umbral de la norma IEC 60599». Este enfoque reduce las intervenciones innecesarias y concentra los recursos donde realmente hacen falta.

La combinación de ambos es lo que los especialistas denominan mantenimiento basado en condición o CBM (Condition-Based Maintenance). Las empresas que implementan esta estrategia reportan una reducción significativa en las paradas no planificadas y una mayor vida útil de sus activos eléctricos. Desde Cuerva, aplicamos este modelo en el mantenimiento de transformadores y centros de distribución de clientes industriales en los sectores alimentario, hospitalario e industrial.

Consulta nuestra guía sobre mantenimiento preventivo y descubre cómo estructurar las revisiones periódicas para sacar el máximo rendimiento a tus activos eléctricos.

Preguntas frecuentes

¿Cada cuánto tiempo hay que hacer un análisis de aceite en un transformador?
La frecuencia estándar recomendada por la norma IEC 60296 es de una vez al año para transformadores en servicio normal. En transformadores con más de 15 años de servicio, alta criticidad o que hayan sufrido algún incidente eléctrico, se recomienda aumentar la frecuencia a dos veces por año o implementar monitorización DGA en línea.

¿Qué ocurre si un transformador explota?
Los transformadores inmersos en aceite tienen riesgo de explosión si se produce una acumulación de gases por un fallo interno y los dispositivos de protección no actúan a tiempo. Las consecuencias incluyen incendio, daños estructurales en la sala eléctrica, cortes de suministro prolongados y riesgo para las personas. Las instalaciones deben contar con sistemas de extinción específicos según el REBT y la normativa de protección contra incendios aplicable.

¿Puede detectarse un fallo en un transformador sin pararlo?
Sí. La mayoría de las técnicas de diagnóstico predictivo se aplican con el transformador en servicio: termografía infrarroja, análisis DGA en línea, medición de descargas parciales y monitorización de vibraciones no requieren desconectar el equipo. Solo algunas pruebas dieléctricas de alta tensión o la inspección interna del cambiador de tomas exigen puesta fuera de servicio.

¿Qué normativa regula el mantenimiento de transformadores en España?
El mantenimiento de transformadores en España está regulado principalmente por el Real Decreto 337/2014 (RAT) y sus instrucciones técnicas complementarias. Para instalaciones de baja tensión, aplica el Real Decreto 842/2002 (REBT). Los centros de transformación de abonado requieren además un contrato de mantenimiento con empresa instaladora autorizada inscrita en el registro industrial de la comunidad autónoma correspondiente.

¿Qué diferencia hay entre el mantenimiento correctivo y el predictivo en transformadores?
El mantenimiento correctivo interviene después de que se ha producido el fallo. El predictivo identifica síntomas de degradación antes del fallo y programa la intervención en el momento óptimo. El correctivo tiene costes más bajos a corto plazo, pero genera paradas de emergencia que pueden multiplicar por diez el coste total. Más información en nuestra guía sobre mantenimiento correctivo eléctrico.

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La inteligencia en el mantenimiento: de la reacción a la anticipación

Durante décadas, el mantenimiento de transformadores eléctricos se gestionó con una lógica reactiva: el equipo funciona hasta que falla y entonces se repara. En muchas industrias, ese modelo aún persiste, con el coste que implica en paradas, reparaciones de emergencia y desgaste acelerado de activos.

Hoy, la tecnología ha cambiado la ecuación. La combinación de sensores IoT, análisis de gases disueltos, termografía y plataformas de gestión de activos permite conocer el estado real de un transformador en cualquier momento, anticipar los fallos con semanas de antelación y planificar las intervenciones sin interrumpir la producción.

El siguiente paso para cualquier empresa que quiera avanzar en esta dirección es auditar el estado actual de sus transformadores y definir qué nivel de monitorización tiene sentido en función de la criticidad de cada equipo y del coste de una parada no planificada. Ese ejercicio, bien hecho, es siempre una inversión con retorno medible. En Cuerva llevamos más de ocho décadas haciéndolo, y sabemos que la clave no está en el equipo más caro, sino en el plan más inteligente. Si gestionas instalaciones con transformadores propios, hablemos.

Publicado originalmente el 21 de mayo de 2024 y actualizado el 3 de junio de 2026.

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