Cuerva defiende la flexibilidad para conectar nueva demanda en redes saturadas


Juan Guerrero, director de Regulación y Estrategia de Cuerva, participó en el foro “Operando Flexibilidad en España” de ENTRA, donde puso el foco en la digitalización de las redes y en la necesidad de reconocer los costes asociados a una gestión más activa y flexible.
Granada. 06/10/2025. Cuerva participó el pasado 29 de septiembre en el foro “Operando Flexibilidad en España”, organizado por ENTRA Agregación y Flexibilidad en el Club Español de la Energía (Madrid). Allí, la compañía defendió el acceso flexible como vía para conectar nueva demanda en zonas con capacidad de red limitada, siempre que la regulación reconozca el coste de gestionarlo.
Juan Guerrero, director de Regulación y Estrategia de Cuerva, resumió su posición en una frase:
“La flexibilidad convierte una red saturada en una red que suma”.
La idea: usar mejor la capacidad que ya existe en las redes para conectar nuevos consumos sin depender únicamente de construir nuevas infraestructuras.
Guerrero intervino en el Panel IV: “Presentación del Informe sobre Peajes Flexibles”, junto a representantes de Estabanell, Rondo Energy, Agrienergía y Edisun Power. La mesa abordó, entre otras cuestiones, el diseño de los peajes flexibles, los incentivos necesarios para activar la flexibilidad de los consumidores y los retos que este nuevo modelo plantea para las redes de distribución, un terreno que Cuerva conoce de primera mano: sus distribuidoras gestionan más de 900 km de líneas y más de 18.000 puntos de suministro.
Sacar más partido a la red que ya existe
Guerrero se detuvo en uno de los principales desafíos a los que se enfrenta actualmente el sistema eléctrico: la dificultad para conectar nueva demanda en aquellas zonas donde la capacidad firme disponible es limitada.
Como respuesta, planteó el acceso flexible: una fórmula que permite usar la infraestructura existente de forma más intensiva. Las redes se dimensionan para responder a las horas de máxima demanda y a situaciones de contingencia, lo que hace que, fuera de esos momentos, quede capacidad sin utilizar. El acceso flexible pone ese margen a disposición de nuevos consumos, a cambio de que puedan limitarse en horas o situaciones concretas.
No se trata de elegir entre capacidad firme o flexible, sino de entenderlas como soluciones complementarias sobre una misma red. “La capacidad firme sigue siendo el objetivo; la flexible es la manera de no dejar a nadie esperando mientras llega”, añadió Guerrero.
Este modelo puede contribuir a acelerar la electrificación, optimizar el uso de los activos existentes y ofrecer alternativas a proyectos que, de otro modo, tendrían que esperar a la ejecución de nuevos refuerzos de red.
Una red más flexible exige una gestión más activa y digital
La implantación de estos modelos supone, al mismo tiempo, un cambio relevante en la forma de gestionar las redes de distribución. Frente a una gestión tradicional fundamentalmente pasiva, la flexibilidad requiere avanzar hacia redes más digitalizadas, observables y gestionadas de manera activa.
Operar accesos flexibles implica disponer de telemedida y comunicaciones fiables, mejorar la observabilidad —especialmente en media tensión— y desarrollar sistemas capaces de determinar cuándo y cuánto puede consumir cada cliente flexible, además de gestionar las posibles limitaciones y verificar su cumplimiento.
Esta transformación no es únicamente tecnológica. Guerrero señaló también la necesidad de incorporar y desarrollar nuevos perfiles profesionales vinculados a ámbitos como las telecomunicaciones, el análisis de datos, los sistemas de control en tiempo real o la ciberseguridad, competencias que serán cada vez más relevantes para operar las redes eléctricas del futuro.
Por eso, Cuerva considera necesario que el marco regulatorio evolucione al mismo ritmo: la digitalización aporta las herramientas para gestionar una red flexible, pero esa gestión genera costes que deben reflejarse también en el diseño de los peajes.
Peajes flexibles para activar la flexibilidad de la demanda
Otro de los ejes centrales del panel fue el papel de los peajes flexibles como señal económica para incentivar a aquellos consumidores capaces de adaptar su demanda a las necesidades de la red.
Desde Cuerva sostienen que un consumidor que acepta menores derechos de acceso y contribuye con su flexibilidad a aprovechar mejor la capacidad disponible debe poder beneficiarse de parte del ahorro que genera para el sistema.
El diseño de estos peajes, sin embargo, debe tener en cuenta no solo la inversión que la flexibilidad permite evitar o aplazar, sino también el coste que supone gestionarla.
“La flexibilidad evita inversión, pero no es gratis”, subrayó Guerrero. Sistemas, telecontrol, previsión, operación en tiempo real, personal especializado y seguimiento de las limitaciones: son costes recurrentes que no existen en los mismos términos para una conexión firme y que, para Cuerva, deben reconocerse adecuadamente en el modelo retributivo.
De solución excepcional a herramienta habitual
Cuerva trabaja ya en esta dirección desde su actividad como distribuidora y a través de iniciativas de I+D como su Living Lab, un entorno de innovación sobre una red de distribución real, o el sandbox regulatorio S2F, centrado en la participación activa del consumidor en la gestión de la red.
Para la compañía, la flexibilidad es, además, una palanca de competitividad: ofrece respuestas más ágiles a empresas e industrias que necesitan electrificar sus procesos.
El reto es que la flexibilidad deje de ser una solución excepcional y se convierta en una herramienta habitual de gestión de la red. Para lograrlo, concluyó, hacen falta tres piezas: peajes que incentiven al consumidor, redes digitalizadas capaces de operarla y un marco retributivo que reconozca su coste.

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