¿Qué es el almacenamiento de energía? Su importancia en la transición energética
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Los sistemas de almacenamiento de energía son clave para respaldar el despliegue de las renovables y acelerar así la transición ecológica.
La Unión Europea lo tiene claro: si queremos dejar atrás los combustibles fósiles y avanzar hacia un sistema energético más limpio, tenemos que pisar el acelerador con las energías renovables. Con el plan REPowerEU, el objetivo es ambicioso: pasar del 40% al 45% de renovables para 2030.
Pero hay un reto que debemos resolver para que esto funcione de verdad: el almacenamiento de energía.
Como la energía renovable depende del clima, no siempre se produce al ritmo de la demanda. Ahí es donde entra en juego el almacenamiento que permite guardar la energía que sobra en los momentos de baja demanda.
Aunque hoy en día generar y transportar electricidad es relativamente sencillo, almacenarla sigue siendo un gran desafío. Todavía no es barato ni rentable, por eso, contar con soluciones de almacenamiento eficientes no solo ayuda a aprovechar mejor la energía, sino que también hace que todo el sistema eléctrico sea más estable, seguro y flexible.
En este artículo te contamos cuáles son los principales métodos de almacenamiento de energía y por qué son esenciales para que la transición energética no se quede a medio camino.
¿Qué es el almacenamiento de energía y cómo funciona?
El almacenamiento de energía es el proceso mediante el cual la electricidad generada en un momento determinado se conserva para su uso posterior. Esta capacidad de “guardar” la energía permite equilibrar la oferta y la demanda, garantizando un suministro más estable, predecible y rentable.
Si bien, es cierto que, almacenar la energía renovable sobrante a gran escala aún supone un reto para el sector energético, los sistemas de almacenamiento de energía actuales ―y los que continúan desarrollándose― permiten guardar la energía, de modo que esta no tenga que generarse en todo momento, conforme a la demanda. Facilitan, en definitiva, que fuentes de energía renovable, como la solar y la energía eólica, se integren en el sistema, aumentando su competitividad en el mercado eléctrico.
De hecho, la Comisión Europea ha aprobado un esquema de ayudas de 700 millones para reforzar el almacenamiento de energía en España.
¿Cuáles son los tipos de almacenamiento de energía?
Los sistemas de almacenamiento de energía, en función de su capacidad, se clasifican en:
- Almacenamiento a gran escala (escalas de GW).
- Almacenamiento en redes y en activos de generación (MW).
- Almacenamiento residencial o de usuario final (kW).
Estos son los métodos de almacenamiento más comunes en la actualidad, esto es, los sistemas principales que permiten acumular o almacenar energía renovable de manera eficiente:
- Baterías
- Bombeo hidráulico
- Aire comprimido
- Almacenamiento térmico
- Supercondensadores
- Volantes de inercia
- Hidrógeno
- Almacenamiento termosolar con sales fundidas
Baterías
Estos dispositivos, que almacenan la energía eléctrica en compuestos químicos, son los más utilizados actualmente. Existen múltiples tipos: desde las populares baterías de litio a las de hierro, o las que emplean materiales de menor impacto como las de sodio, silicio, zinc, calcio o aluminio.
Otros países, como China, están desarrollando baterías por gravedad y son una alternativa a los problemas asociados al reciclaje de litio.
Los sistemas de almacenamiento de energía solar son, fundamentalmente, las baterías solares. Estas guardan la electricidad obtenida de la instalación de placas solares, quedando disponible para su uso posterior. Pueden regularse para momentos en los que es necesario un refuerzo del suministro. En función del material que la compone, y, por tanto, de su vida útil, las hay de litio, estacionarias, monoblock o virtuales.
Las baterías de almacenamiento solar de litio son hoy más competitivas; están más subvencionadas y, a diferencia de las estacionarias, no precisan mantenerse permanentemente cargadas. Las baterías solares de litio tienen una elevada duración; se pueden descargar prácticamente en su totalidad sin que ello afecte a su rendimiento o vida útil, que puede superar los 20 años. Son rápidas y versátiles, ideales para aplicaciones residenciales y móviles.
De hecho, el coste de las baterías de ion de litio ha caído un 73% desde 2024. Para 2030, estas habrán permitido reducir un 30 % las emisiones de carbono, según datos de Global Battery Alliance (GBA).
Bombeo hidráulico
Este sistema de almacenamiento a gran escala, instalado en centrales hidroeléctricas,almacena el agua y, cuando la energía renovable es insuficiente, aprovecha el desnivel del embalse para soltarla y que esta impulse las turbinas.
Cuando la demanda aumenta, el agua almacenada se libera y pasa por turbinas, generando electricidad de nuevo. Además, es la tecnología más eficiente y utilizada a gran escala, un método rentable y rápido, que genera importantes cantidades de energía limpia.
Representa más del 90% del almacenamiento energético mundial, aunque empiezan a acercarse otros sistemas como las baterías.
En parques industriales cercanos a embalses o con sistemas híbridos, el almacenamiento por bombeo puede integrarse con energías renovables para equilibrar el suministro y cubrir picos de demanda.
Aire comprimido
El almacenamiento de energía por aire comprimido (CAES, por sus siglas en inglés) se realiza en instalaciones bajo tierra. Este método de almacenamiento mecánico acumula el aire ambiente en depósitos en el subsuelo (minas abandonadas y acuíferos, entre otros) a presiones elevadas; y en momentos de pico de la demanda, el aire comprimido se expande haciendo mover un generador que, a su vez, suministra electricidad.
La ventaja que tiene este sistema de almacenamiento de energía es su durabilidad con costes operativos bajos y alta escalabilidad. Aunque es cierto que todavía, requiere grandes espacios y una inversión inicial significativa.
Almacenamiento térmico
Este método consiste en acumular energía térmica en materiales que la retienen y liberan de modo controlado. Permite almacenar calor o frío, con independencia de la ubicación, las condiciones de temperatura o la potencia empleada.
Esta energía térmica puede liberarse posteriormente para generar electricidad a o para aplicaciones industriales y de climatización.
Por ejemplo, un hotel o un centro comercial pueden utilizar sistemas de almacenamiento térmico para generar frío por la noche (cuando la energía es más barata) y usarlo durante el día, reduciendo el consumo en horas punta.
Supercondensadores
Los supercondensadores almacenan grandes cantidades de energía en forma de cargas electrostáticas, sin reacciones químicas. Estos dispositivos pueden ser cargados y descargados rápidamente, entregando la energía eléctrica de manera casi instantánea.
Su función principal no es almacenar grandes cantidades de energía, sino liberarla instantáneamente cuando se necesita potencia inmediata. Estos son algunos ejemplos de cómo puede aplicarse:
- Centros logísticos y fábricas automatizadas para estabilizar los picos de tensión.
- Edificios inteligentes para el respaldo energético instantáneo de sistemas críticos.
- Transporte eléctrico y renovables híbridas, combinados con baterías para mejorar la eficiencia del sistema.
Volantes de inercia
Este sistema mecánico de almacenamiento conserva la energía en forma cinética. Un volante de inercia consiste en un disco metálico al que se aplica un par motor para que gire y, después, se trata de frenar con un par resistente, acumulando dicha electricidad.
Son útiles en procesos que requieren alta velocidad de respuesta como hospitales o centros de datos.
Hidrógeno
Esta tecnología de almacenamiento convierte la energía eléctrica en hidrógeno a través de electrólisis, que puede almacenarse durante un largo tiempo en grandes contenedores y usarse más tarde como combustible limpio.
Permite generar electricidad a través de las energías renovables y se conoce como el combustible del futuro.
De hecho, podemos encontrar las pilas de combustibles de hidrógeno. ¿Cuál es la diferencia con las baterías? El hidrógeno es capaz de abastecer constantemente la pila desde el exterior sin necesidad de cortar su uso.
Almacenamiento termosolar con sales fundidas
El almacenamiento termosolar con sales fundidas almacena el calor procedente de la radiación solar concentrada, manteniendo temperaturas superiores a los 500 °C.
Contenidas en tanques, las sales (como el potasio o el nitrato de sodio) conservan el calor a temperaturas elevadas, se funden y, por medio de un generador de vapor, accionan unas turbinas que generan la electricidad.
Sus principales ventajas son las siguientes:
Produce electricidad hasta 8–10 horas después de la puesta de sol, reduciendo la intermitencia solar.
Tiene una alta eficiencia térmica, hasta un 90% de retención del calor.
Su capacidad de almacenamiento es alta, incluso puede escalarse a nivel industrial.
De todos modos, aquí te dejamos una tabla con un resumen comparativo de los diferentes tipos de almacenamiento de energía:
| Tipo de almacenamiento | Aplicación ideal | Eficiencia (%) | Coste estimado | Madurez tecnológica |
| Baterías de ion-litio | Autoconsumo empresarial | 90-95 | Medio | Alta |
| Bombeo hidroeléctrico | Grandes instalaciones | 70-85 | Alto | Muy alta |
| Almacenamiento térmico | Climatización y procesos térmicos | 60-80 | Bajo | Media |
| Aire comprimido (CAES) | Plantas industriales | 50-70 | Alto | Media |
| Hidrógeno verde | Industria y transporte | 35-55 | Alto | En desarrollo |
| Sales fundidas termosolares | Plantas solares de concentración | 85-90 | Alto | Alta |
| Supercondensadores | Respaldo rápido y estabilización | 90-95 | Medio | En desarrollo |
¿Cuáles son las ventajas del almacenamiento de energía?
Los beneficios de los sistemas de almacenamiento de energía se extienden a las redes eléctricas debido a su capacidad para compensar las fluctuaciones en el suministro de energía.
- Permite gestionar la energía de forma eficiente, garantizando un suministro estable y constante. También en situaciones de alta demanda o cortes de energía, lo que mejora la seguridad energética. Además, los sistemas de almacenamiento, que son propiedad de los clientes de la red, pueden proporcionar energía de reserva de emergencia durante los cortes de la red (como el último apagón que hemos tenido en España y otros países europeos) y pueden integrarse en microrredes.
- Facilita la integración de energías renovables, (solar, eólica), ayudando a compensar su intermitencia y permitiendo un mayor aprovechamiento de la energía limpia generada.
- Contribuye al ahorro de costes, ya que posibilita almacenar energía durante periodos de tarifas bajas y utilizarla cuando los precios son altos, optimizando así el consumo y reduciendo la factura eléctrica. En Europa, el mercado de almacenamiento (solo baterías) está valorado en USD 11,8 mil millones en 2023 y se proyecta que crezca de forma significativa en los próximos años. Esto indica que muchas empresas ya lo consideran un activo competitivo.
- Mejora la eficiencia del sistema eléctrico y ayuda a regular la frecuencia y la tensión de la red, estabilizando la infraestructura energética. Un informe señala que los sistemas de batería ayudan a «estabilizar la red, absorber el exceso de generación renovable y proporcionar potencia durante picos» lo que es crucial para empresas que no pueden permitirse interrupciones.
- Reduce el impacto ambiental y apoya la descarbonización al permitir una mayor penetración de energías renovables y disminuir la necesidad de generación con combustibles fósiles. Un mercado activo de almacenamiento también implica que las políticas públicas favorecen tecnologías de flexibilidad y descarbonización, y las empresas que adoptan estas tecnologías temprano pueden beneficiarse de subsidios, incentivos y ventaja competitiva.
- Ofrece flexibilidad y capacidad de respuesta rápida ante variaciones en la demanda, lo que es útil tanto para empresas como para sistemas eléctricos nacionales.
- Pueden ayudar a estabilizar el flujo de energía, proporcionando energía cuando las fuentes renovables no generan electricidad. Por ejemplo, suministran energía por la noche a instalaciones de energía solar con células fotovoltaicas o durante días tranquilos en los que las turbinas eólicas no giran.
- Los sistemas de almacenamiento de energía garantizan que el exceso de electricidad generada por las fuentes limpias no se desperdicie.
Qué desafíos enfrenta el almacenamiento de energía a gran escala
El almacenamiento de energía a gran escala es fundamental para la transición energética y la integración de fuentes renovables, pero enfrenta varios desafíos técnicos, económicos, regulatorios y ambientales:
- Muchas tecnologías de almacenamiento, especialmente las de larga duración como el hidrógeno verde o baterías avanzadas, aún presentan costes elevados y dificultades para lograr rentabilidad, lo que limita su adopción masiva. Además, la inversión inicial y el acceso a financiación siguen siendo barreras importantes. Por ejemplo, uno de los informes de mercado señala que el coste de instalación de sistemas de baterías puede variar entre €500 a €1.000 por kWh en Europa según tecnología y escala.
- La tramitación de permisos para instalaciones de almacenamiento es compleja y, en muchos casos, equiparada a la de generación eléctrica, lo que implica múltiples autorizaciones y cumplimiento de hitos temporales estrictos. El incumplimiento puede conllevar la caducidad de permisos y la pérdida de garantías económicas significativas.
- Incluir volúmenes de almacenamiento amplios, suma complejidad a la gestión de la red eléctrica, sobre todo si hablamos de seguridad, estabilidad o combinación entre fuentes de producción y almacenamiento.
- La falta de soluciones viables y maduras para el almacenamiento de energía de larga duración limita la penetración de renovables más allá del 30-40% en la matriz energética sin comprometer la estabilidad de la red.
Por qué es fundamental almacenar energías renovables
Almacenar energías renovables es fundamental para evitar apagones porque fuentes como la solar y la eólica, son intermitentes y dependen de condiciones meteorológicas variables, lo que puede provocar desajustes entre la producción y la demanda eléctrica en tiempo real.
Por ejemplo, España es un país puntero en la generación de energía limpia, marcando su mejor dato histórico en 2024, con una un 56.8% de electricidad generas a partir de fuentes naturales. Pero aquí viene la otra cara de la moneda: gran parte de esa energía no se pudo almacenar… y se perdió. ¿El resultado? Riesgo de apagones como el del pasado 28 de abril. Sí, somos líderes en producir energía limpia en Europa, pero seguimos muy por detrás en capacidad para guardarla y usarla cuando realmente hace falta.
En cambio, otros estados como el de California, en los últimos cuatro años han instalado más baterías estacionadas a gran escala que ningún otro lugar del mundo, excepto China.
Contar con sistemas de almacenamiento no solo evita desperdiciar energía, también protege infraestructuras críticas y mantiene en marcha servicios esenciales si la red eléctrica falla. En muchos apagones recientes, las instalaciones con baterías de respaldo siguieron funcionando sin problemas mientras todo lo demás se apagaba.
En definitiva, invertir en almacenamiento es invertir en seguridad, estabilidad y eficiencia. Nos permite guardar el excedente de energía cuando sobra y liberarlo cuando escasea, equilibrando el sistema eléctrico y reduciendo al mínimo el riesgo de nuevos apagones.
En un sistema cada vez más limpio, el almacenamiento ya no es una opción. Es el seguro que garantiza que, pase lo que pase, la luz no se apague.
El almacenamiento de energía es el gran aliado de las renovables
El almacenamiento de energía ha dejado de ser “el gran olvidado” de la transición energética para convertirse en una de las piezas clave del nuevo modelo energético. Y no es para menos: sin una buena red de almacenamiento, no hay forma de garantizar un suministro eléctrico estable basado al 100% en renovables.
No basta con generar energía limpia. Para que sea útil, hay que saber dónde y cómo guardarla.
España tiene el potencial para liderar esta transición si apuesta decididamente por innovar, regular e invertir en estas soluciones.
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Preguntas frecuentes sobre almacenamiento de energía
¿Durante cuánto tiempo pueden suministrar electricidad los sistemas de almacenamiento de energía eléctrica?
La duración depende del tipo de tecnología empleada:
- Baterías de flujo: entre 4 y 10 horas.
- Baterías de ion-litio: entre 1 y 4 horas de suministro continuo.
- Sistemas de bombeo hidráulico: pueden operar durante 6 a 20 horas.
- Sales fundidas: entre 6 y 15 horas, según el diseño del sistema termosolar.
- Supercondensadores: apenas segundos o minutos, pero ideales para responder a picos de demanda o estabilizar la red.
¿Cómo pueden las empresas acceder a ayudas o subvenciones para almacenamiento?
Existen programas europeos, nacionales y autonómicos que financian proyectos de eficiencia y almacenamiento, como:
- Fondos Next Generation EU (Componente 7 del Plan de Recuperación).
- Programas IDAE para autoconsumo, almacenamiento y térmicas renovables.
- Incentivos regionales gestionados por comunidades autónomas y cámaras de comercio.
Publicado originalmente el 4 de julio de 2023 y actualizado el 23 de enero de 2026.
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